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  1. ALCOHOL, ¿Una más?

    Enviado el 06-02-2019

    En la entrada de hoy, os dejamos un reportaje realizado por Francisco Díaz Muñoz, estudiante de periodismo de la Universidad de Sevilla, sobre la percepción del consumo de alcohol en nuestra sociedad.

    En la entrevista, han colaborado profesionales de ALUCOD, con el fin de acercar la realidad de esta problemática y eliminar mitos.

    El alcohol, desde hace mucho tiempo, ha sido un elemento de cohesión en nuestra sociedad, una sociedad que lo ha ligado de forma normalizada a la diversión, la fiesta o, incluso, a la relajación. Todo ello oculta, en ocasiones, un problema banalizado y escondido entre nosotros, el abuso o adicción a una sustancia tóxica.

    Por FRANCISCO DÍAZ. Fotografía de M. ÁNGEL

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    El alcohol es algo que está presente, queramos o no, en nuestras vidas. Desde que nacemos, vemos alcohol, y lo vemos como algo más, algo que, de forma intrínseca, es parte de nuestra sociedad. Desde muy temprana edad, estamos expuestos a un ambiente en el que el alcohol es un punto central en las relaciones sociales, algo que aprendemos de padres, hermanos, abuelos o amigos, algo que de forma canónica comienza con un intento de unión con tus cercanos y que, a lo largo de la vida de una persona, va tornándose de una forma en otra. Para desconocimiento de muchos, es una droga, la más consumida en España (conforme al estudio EDADES 2017-2018, un 75.2% de la población consumen alcohol).
    Según un estudio realizado de 2002 a 2014 por la Organización Mundial de la Salud en Europa, los jóvenes han descendido su consumo levemente (un descenso mucho más ligero en España). En nuestro país, sin embargo, la edad de inicio de consumo se produce cada vez antes. Pero, de todas formas, a nivel europeo, se detecta un pequeño aumento de abstemios, esos “seres extraños” que no prueban una gota de alcohol y, aun así, en su mayoría, conviven de forma totalmente normal en un ocio donde esté esta sustancia es, por norma, un punto esencial de cohesión.
    El alcohol está estrechamente ligado al ocio y el entretenimiento máximo, conceptos que las instituciones públicas, mediante diversas campañas, han intentado desvincular para conseguir un consumo legal y responsable, sobre todo en los jóvenes. Algo muy complicado, separar lo que, por siglos en los que no se conocían sus defectos, ha sido algo totalmente normalizado. De nuevo, según la OMS, cada año se producen 3,3 millones de muertes a nivel mundial debido a la bebida, lo que supone cerca de un 6% de todas las defunciones, además de provocar una gran parte de trastornos y enfermedades tanto mentales como físicas.

    IMG_1450.JPGAntonio Muñoz, abstemio

    LOS ABSTEMIOS EXISTEN. Vivimos en una época en la que la diversidad es un activo muy importante en nuestra convivencia. Las personas abstemias constituyen una ínfima minoría, sin voz, sin poder, desprestigiada por la dictadura del alcohol. Charlamos con uno de ellos, Antonio Muñoz. Tiene 20 años y estudia Medicina en Badajoz. Le encanta el deporte y la música, sobre todo tocar la guitarra. Antonio es una persona sociable, alegre y considera que el alcohol no le ha hecho nunca falta. Muñoz acude a los botellones con “su refresco y su vasito” y se relaciona ampliamente en estos ambientes. “Es un poco raro, pero yo me rio y me lo paso bien con mis amigos borrachos sin beber alcohol”, reconoce.

    Considera que beber es un hábito que viene de la sociedad: “empecé con ese hábito desde pequeño y lo seguí, no influyéndome mucho por mis amigos. Es un hábito, del hábito se hace la necesidad. La gente empieza bebiendo por moda y se acostumbra a tirar del alcohol para atreverse a hacer cosas que no harían normalmente. Como se han acostumbrado a eso, es lo que más fácil les resulta para pasarlo bien, pero es un foco de mala salud”. Y no miente al decir esto. De nuevo, según la OMS, cada año se producen 3,3 millones muertes a nivel mundial debido a la bebida, lo que supone cerca de un 6% de todas las defunciones, además de provocar una gran cantidad de trastornos y enfermedades tanto mentales como físicas. Todos estos datos son armas del Estado para acercar a los ciudadanos al consumo responsable o moderado. Es una meta más difícil, pero realista, a largo plazo.
    Pero, ¿es saludable un consumo responsable? ¿una copa de vino o una cerveza al día? Pues según el Global Burden of Disease, el mayor estudio a nivel mundial sobre las causas de enfermedad y muerte, esto no sería correcto, ya que, aunque un consumo pequeño no produce desperfectos en nuestro organismo, un consumo continuado sí aumenta el riesgo.

    “BEBER ES LO NORMAL”. Hablamos con Cristina y María Eugenia, ambas estudiantes de 20 años. La primera estudia Magisterio en Córdoba, la segunda se encuentra de Erasmus en la ciudad alemana de Colonia estudiando Traducción e Interpretación. Son “bebedoras sociales”, así lo consideran ellas mismas. Es decir, utilizan el alcohol como medio para la socialización y para una mayor diversión. Pero, ¿por qué? Ellas lo justifican así: “es algo que va relacionado con salir, lo ves en tus padres o tus hermanos mayores y quieres probarlo, quieres hacerte mayor”. Ambas empezaron a beber a los 16 años. En España, según la encuesta ESTUDES, la edad media de inicio de consumo son los 16.6 años. “Cuando sales está todo el mundo bebiendo” repiten ambas, recalcando el poder cohesionador de la bebida. “El alcohol te quita la timidez que puedas tener, yo he hecho muchos amigos estando borracha que luego han seguido siendo amigos cercanos y he pasado momentos inolvidables” afirma María Eugenia. En cambio, como los principales perjuicios del alcohol ve “hacer cosas que no harías normalmente y que luego te arrepientas de ellas el día siguiente”.
    Las dos creen que el concepto del alcohol está tan unido a la diversión que consideran que viene de ahí esa “exaltación de borracheras”. “La gente piensa que mientras más hayas bebido, mejor te lo vas a pasar, y quien más bebe y más aguanta es más fuerte y más guay, y no es así”.
    Cristina ve el alcohol como una herramienta, “una herramienta para pasárselo mejor”. De todas formas, cree que hay muchas personas que sí son adictas, ya que no pueden salir sin emborracharse porque, si no lo hacen, no se divierten. “Yo no necesito emborracharme para pasármelo bien y sé cuándo parar, pero hay gente que no, la gente que a las siete de la mañana todavía se están echando cubatas ya tienen un problema. Yo no bebo sola, solo con gente y en momentos puntuales”. Este sería el perfil de un bebedor social, que, aunque pueda alcanzar en ocasiones el consumo de riesgo, no presenta síntomas de adicción.

    img-20190102-wa0026CRISTINA BERMEJO, PSICÓLOGA de ALUCOD(Asociación de Lucha contra la Droga) y Directora del Centro Sanitario Ambulatorio Casa Blanca de Llerena, opina que es necesario “concienciar a la población de los peligros del alcohol y eliminar y generar hábitos saludables como alternativas de ocio, ya que el alcohol es una droga”. Y esto parece que es algo desconocido para gran parte de la población: “El alcohol se percibe como una droga disponible, de fácil acceso y es vista como poco peligrosa, sin embargo, es la única droga que puede producir la muerte durante el síndrome de abstinencia junto a algunos barbitúricos”.

    ALUCOD, PARA CUANDO EL ALCOHOL SE CONVIERTE EN PROBLEMA 
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    DESDE 1990, ESTA ONG PRESTA SERVICIO DESDE LLERENA (BADAJOZ) A PERSONAS CON ADICCIONES Y ENFERMEDADES MENTALES, DOS ALTERACIONES QUE SUELEN IR UNIDAS. EL ALCOHOLISMO, ENTRE OTRAS ADICCIONES, ES UNA DE LAS QUE MÁS SE DAN EN ESTE CENTRO, QUE AYUDA A ESTAS PERSONAS A RECUPERAR SU VIDA ANTES DE LA DEPENDENCIA.

    Existe una clara diferencia entre uso, abuso y dependencia de una droga. El uso consiste en un consumo esporádico y puntual; el abuso, en cambio, supone un grado más, un uso desproporcionado del alcohol. El consumo por atracón o binge drinking, algo que en las últimos años ha ido aumentando su frecuencia, sobre todo en los jóvenes, consiste en ingerir grandes cantidades de alcohol en poco espacio de tiempo (botellón). Por último, la dependencia se caracteriza por una adaptación psicológica, fisiológica y bioquímica como consecuencia del consumo reiterado.
    Además, el consumo repetido del alcohol, como cualquier otra sustancia adictiva, puede conducir a una situación en la que se hace necesario tomar cantidades crecientes de esta para experimentar los mismos efectos que antes se conseguían con cantidades más pequeñas. Este fenómeno se llama tolerancia, y se explica por la adaptación del organismo a la presencia habitual de la droga en la sangre y en el cerebro. Estas también podrían ser consideradas las etapas hasta llegar a la adicción al alcohol y otras drogas.
    Pero, antes de eso, es indispensable entender cómo se llega a ese punto. La psicóloga explica lo siguiente: “Para entender la adicción, hay que tener en cuenta la predisposición de la persona y una serie de factores de riesgo como la edad, la baja autoestima, la elevada necesidad de aprobación social, dificultad para manejar el tiempo libre, bajo aprovechamiento escolar, falta de habilidad para tomar decisiones o resolver problemas, baja cohesión familiar, ausencia de normas, falta de integración escolar, etc”. Además, señala que “la adolescencia es la etapa de máxima vulnerabilidad frente a las adicciones”.
    El equipo profesional de ALUCOD, trabaja con personas que presentan adicciones (a sustancias o comportamentales) asociadas a trastornos psiquiátricos (trastornos de personalidad, trastornos psicóticos, trastornos del estado de ánimo,…). “Es lo que se conoce como patología dual”, explica Bermejo. Esto se presenta en el 80% de los casos que atendemos. Esta situación agrava la evolución y el pronóstico de los pacientes. La adicción puede preceder o ser una consecuencia de la enfermedad mental”.

    IMG-20190102-WA0067.jpgJulián Mena, ex alcohólico

    UNA NUEVA VIDA. En Campillo de Llerena, a 46 kilómetros de Llerena, en la provincia de Badajoz, ha residido toda su vida Julián Mena. 47 años, hostelero, deportista, currante, jovial. Ex alcohólico.
    Julián regenta un bar en su pueblo, el “Bar Mena”, del que es propietario desde hace 16 años. Un bar/cafetería/pub y que, en algún momento, también fue una pensión repleta de turistas o personas de paso por la localidad campilleja. El local, ideado y creado por su padre 32 años atrás, fue donde, desde los 13 años comenzó a trabajar. Luego, cuando sus hermanos salieron del pueblo, él prefirió quedarse en el negocio familiar. Pero en agosto de 2017, el problema de Julián era insostenible y el bar tuvo que cerrar sus puertas para que él ingresara en la Casa Roja de ALUCOD, donde permaneció 6 meses interno para intentar solucionar, junto a profesionales y otros pacientes, su complicada situación.
    Su historia con el alcohol comienza como la de muchos jóvenes. “Era deportista y, en un principio, no bebía mucho. En la romería o en la feria, ¿quién no se ha emborrachado en una feria? En esas fechas había que beber medio obligado por los amigos. Pero, eso sí, no tenía un hábito diario”. Era, digamos, otro bebedor social.
    Data el comienzo de su alcoholismo en un problema con su pareja, hace algunos años. “Empecé ahí con depresiones y recurrí al alcohol, que era lo que tenía al lado. Me podía haber dado por coleccionar sellos, pero me dio por beber”.
    Su consumo tornó de ser esporádico a diario y cada vez mayor. “Al principio solo bebía por la tarde, bebía whisky, pero, desde por la mañana, ya estaba deseando que llegaran las cinco de la tarde para ponerme a beber cubatas. Poco a poco, comencé a beber antes. Primero a las dos de la tarde, y ya, luego, bebía hasta por la mañana. Bebía una y ya no podía parar hasta que me caía al suelo”.
    Su vida social se vio reducida enormemente ante el poder que el alcohol ejercía sobre él. Julián pasó de ser una persona muy sociable a aislarse totalmente. “Toda la gente me empezó a preguntar que qué me pasaba y yo negaba que tuviera un problema. Los clientes se iban del bar y me decían que era por no verme en ese estado. Mis amigos me llamaban para quedar y yo les ponía excusas para seguir bebiendo. Entonces no quería saber nada de nadie. He perdido muchos momentos de disfrutar con mi familia y amigos por ello”. Con respecto a su estado físico, cada vez era peor. Se sentía siempre cansado, “hinchado”. Y su estado emocional también era nefasto.
    En esta situación Julián cree que, en primera instancia “tienes que reconocer que tienes un problema, una enfermedad crónica, y tienes que querer curarte. Luego, en la rehabilitación te enseñan a conocerte y, siguiendo las pautas de los profesionales”.

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                      JULIÁN MENA Y EL ALCOHOL
    Las borracheras diarias, acompañadas de la enorme preocupación de sus familiares y amigos por su notable dependencia, hicieron que ingresara en un centro terapéutico por varios meses para retomar su vida normal.

    Tras su rehabilitación, el campillejo salió muy reforzado y recuperó su vida normal, esa que el alcohol se había llevado sin pedir permiso. Volvió a ser quien realmente era. Recuperó relaciones con amigos, amplió su vínculo con la familia y, en verano de 2018, con la ayuda de su familia, reabrió su querido bar con un cambio: solo se abriría en fiestas, sobre todo en Navidad, Semana Santa y verano. “No me merece la pena tenerlo abierto si no es fiesta, este bar no tiene su clientela como lo tienen otros del pueblo, además que, si tengo que estar aquí un día normal de invierno cuando no hay nadie y tienes que estar todo el día aquí y ponerme otra vez mal…Lo hacemos también por tradición, mi padre estuvo 30 años en Alemania para hacer este bar”. En la actualidad, ante la poca rentabilidad del bar, se gana la vida “con lo que sale”. Ahora recoge aceitunas y espera trabajo en la bolsa de empleo de servicios múltiples de su municipio.
    Ha vuelto también al deporte. Practica baloncesto, fútbol, ciclismo o senderismo, mostrando que el deporte es una seria alternativa para plantar cara al ocio etílico. Incluso es parte de la directiva de club de fútbol del pueblo, el UD Campillo. La actividad física ha sido uno de los activos por los que él decide rehabilitarse. “Con mi problema, no hacía nada de nada, me pasaba el día sentado. Ahora es diferente”.
    Su estado provocó la suspensión de su grupo de Carnavales, de los que él es muy aficionado. Tras su fortificada vuelta, este grupo ha vuelto con Julián, entre otros, escribiendo las letras y cantando con la alegría de años pasados.
    Todavía acude de vez en cuando a Casa Roja, para realizar sus debidos seguimientos y, de paso, saludar y charlar con distintos amigos que dejó allí. A veces, también acude a charlas. Todo ello, le ayuda a dejar cada día más atrás su conflicto.
    El alcohol, para él, es algo que está normalizado en la sociedad cuando “es la droga más peligrosa por ese motivo. La gente empieza a beber por presión de los amigos y, luego, hay gente que le gusta”.
    Saca a la palestra un tema importante, el blanqueamiento del alcoholismo en la sociedad: “Cualquier persona puede ser enfermo alcohólico, incluso personas que no se emborrachan. Si tienen un consumo diario, tienen un problema. Ya cuando te hace falta para ser persona, eres un enfermo alcohólico”.
    El alcohol, afortunadamente, ha desaparecido de su vida. Durante las Navidades, fechas en las que la sustancia toma relevancia en las reuniones familiares y fiestas, estuvo rodeado de un montón de personas bebiendo alcohol. “Ahora salgo con mis amigos que beben y me lo paso genial sin beber, me relaciono mejor con todos. Antes no era podía soportar hacerlo, no”.
    Julián ya no piensa en el alcohol, o al menos no se le pasa por la cabeza volver a consumirlo, como le han enseñado en la Casa Roja de ALUCOD, donde descubrió realmente que este tiene más factores negativos que positivos para su vida y su salud tanto mental como física, además de entender que es una droga, por muy blanqueada que la sociedad nos la presente.

    TODOS ELLOS, los abstemios, los bebedores sociales o los alcohólicos son parte de grupos sociales, maneras de clasificar a una persona que consume o no, en mayor o menor medida, con mayor o menor dependencia, una sustancia tóxica legal, disponible en casi todos lados y, también, disponible para casi todas las edades. La fácil accesibilidad de una sustancia estupefaciente supone un gran peligro para la salubridad pública tanto de jóvenes como de adultos que ven ahí una manera aceptada ampliamente de dejar atrás sus problemas por unas horas, incapacitando al organismo de pasarlo bien por sí mismo. Se busca todavía el mítico “consumo responsable”, pero solo como un punto de control antes de llegar a la meta de una regularización más seria de la bebida en la sociedad. Las instituciones públicas intentan, como pueden, regularlo, pero parece inevitable que acabe en manos de adolescentes, personas con problemas o personas que se conviertan, por diversos motivos, en dependientes de él. La prohibición, ante el arraigo de la droga en la sociedad no se presenta como alternativa factible. En cambio, sí lo es contribuir a una firme campaña de concienciación de los peligros, las enfermedades y la inestabilidad que entraña el alcohol y, sobre todo, su abuso, ese que, en muchas ocasiones, desemboca en una enfermedad llamada alcoholismo, un mal crónico, progresivo y, en ocasiones, hasta mortal. Otro objetivo en las campañas ha sido la desmitificación del concepto del alcohol, pero parece que aún queda un largo trecho por delante para conseguir que el consumo disminuya. Es imposible obligar a la gente a dejar algo que forma tan parte de una cultura. Estamos en una sociedad de libertades donde hay que buscar el bien común, pero, a través de diferentes medidas, se podría conseguir un uso más responsable y evitar el abuso y la dependencia. Decía Aristóteles que “el virtuoso es aquel que actúa entre el exceso y el defecto, en el término medio”. Muchas personas se toman esta frase como una referencia de estilo vital, pero los que beben deberían también tomarlo para su vida con el alcohol. La sociedad está cambiando, otro tipo de ocio es posible, pero, al menos, si se te ocurre ponerte una cerveza, un vaso de vino o licor, o un cubata, procura no perder esa razón tan exclusiva que tenemos la mayoría de los homo sapiens.●

     

    Podéis acceder a la publicación del mismo,  a través del siguiente link: https://palabrasenproceso.wordpress.com/2019/01/30/una-mas/

     “ALUCOD  POR LAS PERSONAS. ¡PÍDENOS AYUDA!, TE SOBRAN MOTIVOS PARA SER FELIZ…”

     


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